Lidia Sánchez es una tambera que trabaja en un establecimiento ubicado en Humboldt Chico, una localidad que se encuentra a 15km de Esperanza, Santa Fe. Ella y los vecinos de la zona sufren desde el verano problemas por el mal estado de los caminos rurales.

2Las lluvias inusuales que vienen produciéndose desde enero, con registros de hasta 300mm, hacen que los senderos de tierra sean intransitables y que cada día sea más difícil sacar la producción del campo.

Inundaciones en el tambo de Lidia Sánchez en Humboldt Chico, Santa Fe:

El establecimiento lechero donde trabaja Sánchez produce 1.500 litros diarios y tienen un tanque con capacidad para almacenar cinco mil litros, lo que permite sacar cada tres días la producción. “Se aguanta la producción lo más que se puede para no salir todos los días y romper los caminos más de lo que están”, expresa Lidia aunque asume que “hay tambos vecinos que si o si tienen que sacar todos los días la leche porque no tienen donde guardarla”.

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La tambera reconoce que “el clima está cambiante” y que “es inusual que llueva tanto”, por lo que puertas adentro “los potreros no están acostumbrados a recibir tanta agua” y se complica la actividad. Pero el gran problema es puertas afuera: “Los responsables del mantenimiento de los caminos rurales pueden arreglarlos cuando el clima hace un impasse. Deberían haber aprovechado los periodos en los que no llovía para salir con las máquinas y hacer buenas cunetas, levantar los caminos. Pero no lo hacen”, dice indignada y expresa: “No estamos pidiendo obras extraordinarias, solo aquellas que permitan que el agua escurra y pueda salir”.

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Lidia asume que la pelea que lleva por los caminos rurales no solo es a nivel municipal, sino también provincial y hasta nacional: “Esta lucha no solo la quiero hacer para mi pueblo, sino para toda la provincia y todas las provincias que estamos en el tema (refiriéndose a Chaco y Santiago del Estero, dos provincias del norte muy afectadas por las inundaciones).

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El gran problema son las vías de comunicación que no permiten ser transitadas. Esto impide que muchos días del mes, los niños no puedan asistir a la escuela, no puedan adquirir recursos básicos para vivir y no puedan mover la producción de los tambos hacia las fábricas. “Están haciendo que la gente abandone los campos y se vaya”, expresa la productora.

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