15 de noviembre de 2019

La importancia de un buen diagnóstico para atender el deterioro de nuestra tierra y sus consecuencias para la producción agrícola.

El fenómeno de compactación del suelo se ve acelerado bajo condiciones de uso agrícola intensivo y puede afectar la productividad de los cultivos y las propiedades físico-químicas de los suelos.

“Los implementos de labranza de suelo, la presión ejercida por éstos y el pisoteo de animales son factores que inciden en la compactación del suelo”, explica el Consejo Regional de Conservación de Suelos (CRCS) Río Cuarto en un informe . “Sin embargo, esto se puede revertir mediante diferentes labores de manejo (como rotaciones de cultivos intensivos y/o labores mecánicas), que permiten tratar el deterioro físico del suelo y prepararlo para la siembra”, aconsejan.

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Carmen Cholaky, docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), sostiene que en primer lugar se debe realizar un buen diagnóstico de la condición física del suelo. “Lo importante es definir cuál es el espesor de la capa, dónde comienza y dónde termina, para poder tomar decisiones respecto al manejo”, dice la especialista.

Un buen diagnóstico brindará información sobre la profundidad de trabajo, la herramienta a elegir y la potencia necesaria para poder realizarlas de manera correcta. La descompactación puede revertirse mediante rotaciones de cultivos con raíces de diferentes tamaños y profundidades.

Indicadores para el diagnóstico

Existen algunos indicadores que permiten conocer la condición física del suelo. Uno fácil de medir es la resistencia mecánica. Cholaky explica que se puede medir haciendo una calicata y ver el esfuerzo que implica abrirla (ya sea con pala o cuchillo).

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Otra variable indicadora puede ser el tipo de estructura. “Si uno rompe con la pala y saca terrones grandes que no se rompen fácilmente, o amontonamiento de raíces, son indicadores de que el suelo no está bien”.

Consecuencias de la compactación

Las capas densificadas de suelo puede traer una disminución en los rindes de los cultivos ya que las raíces no pueden atravesar las capas y no pueden acceder a todos los recursos disponibles en la profundidad del suelo, como nutrientes, y agua.

Cholaky explica que cuando los suelos presentan capas densificadas “El agua de lluvia no alcanza a infiltrarse, por lo tanto escurre y genera erosión del suelo”.

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