18 de diciembre de 2019

La creciente demanda a escala mundial de alimentos de alta calidad nutricional y sensorial y de nuevos alimentos funcionales, acompañada por las mayores exigencias del consumidor por aspectos éticos (bienestar animal, producción sustentable), requiere el desarrollo y análisis de alimentos y la aplicación de nuevas tecnologías emergentes de procesamiento.

En este contexto, investigadores del INTA en Formosa, elaboran harina de banana sin cáscara, a partir del remanente de frutas que no califican para la comercialización en fresco.

La harina de banana es un alimento muy nutritivo con un alto contenido de vitaminas y nutrientes, hidratos de carbono y minerales. “El proceso de elaboración y la tecnología propuesta son amigables con el ambiente y permiten un trabajo en conjunto entre el personal y los equipos de campo y del laboratorio”, indicó Gustavo Aguirre, uno de los investigadores.

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Para la obtención de harina, se debe seguir varios procesos: pelado, cortado, baño de inmersión (ácidos orgánicos o bisulfitos), secado (estufa convencional y secado solar), molienda y tamizado.

Actualmente, los productores venden toda la fruta a precios que decrecen según la calidad. No obstante, si decidieran realizar la clasificación de las bananas para su empaque, habría un importante remanente para su trasformación en harina beneficiándolos. “Depende de la época del año, el descarte va desde un 30% hasta un 50% durante el período invernal cuando se registra el punto de calidad más bajo”, puntualizó Aguirre.

Las pruebas realizadas destacan la aptitud de la harina de banana para la elaboración de algunos productos para celíacos (libre de glúten). De igual modo, recomiendan su uso para la fabricación de pastas (macarrones, espagueti), galletitas, panificados en mezcla con harina de trigo, rebozados para carnes (tipo pollo frito) y/o empanados con la finalidad de proporcionarle componentes saludables como antioxidantes o fibra.

 

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