21 de enero de 2020
Por Marcos Snyder, ingeniero agrónomo y especialista en lechería
Por Marcos Snyder, ingeniero agrónomo y especialista en lechería

Con un cierre de año inusualmente fresco, diciembre terminó mejor de los esperado y el acumulado del año 2019 finalmente alcanzó 10.344 millones de litros de leche, un -1,74% debajo del volumen producido en 2018.

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Analizando las curvas de evolución estacional (gráfico 2) se observa una notable grieta entre lo que fuera el año 2015, (pico de producción en Argentina), con el resto de años siguientes.

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En promedio, faltan casi 5 millones de litros por día y esto ya se parece mucho a un problema estructural. Aún no sabemos fehacientemente la cantidad de tambos comerciales ni el número de vacas lecheras en producción en Argentina, pero haciendo la simple cuenta de dividir esos 5 millones de lt/d “faltantes” por una producción promedio de 20 o 22 litros nos da que faltan entre 230.000 a 250.000 vacas en ordeñe (290.000 a 310.000 vacas totales) con respecto al 2015.

Si bien el 2015 fue un año con el maíz 35% más barato que en los años sucesivos (representa el 40% de la alimentación), en el 2019 el precio de la leche en moneda constante fue +25% superior y la producción individual de las vacas fue mayor desde el 2017 al 2019 (registros propios y de CREA), lo que es lógico por la fuerte depuración del rodeo.

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Nuestra conclusión es que faltan vacas, muchas vacas. Estimamos que la reducción del rodeo nacional de vacas se debe en un 60% por las fugas que se producen con cada cierre de tambo (rematadores dicen que en cada venta el 15% de las vacas van a feria y 85% a otro tambo) y un 40% a un excesivo nivel de descarte (recurso de financiamiento en épocas de crisis). Obviamente, la performance reproductiva de los tambos no logran compensar las pérdidas.

Esta estimación debiera ser una luz de alerta para la planificación de la industria procesadora, pues para cuando tengamos el dato concreto tal vez sea tarde.

Para los tambos, tranqueras adentro, la menor oferta (-5 millones de litros/día menos y más jugadores grandes por parte de la demanda) sería garantía de que se mantendrá la tensión por la obtención de materia prima mientras se deciden los rumbos de la lechería argentina.

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