13 de mayo de 2020

En un contexto de incertidumbre económica global, el cultivo de trigo se destaca por presentar condiciones favorables para la siembra temprana.

De acuerdo con Carlos Ghida Daza, investigador del INTA Marcos Juárez, Córdoba, “el trigo muestra ser una opción positiva para encarar el nuevo ciclo agrícola” y confirmó está creciendo la superficie y la producción para el cultivo, a partir del análisis de las últimas 11 campañas del cereal en Córdoba.

“Hay una evolución creciente con una superficie sembrada que, durante el último ciclo, superó en un 53% a la del promedio, mientras que la producción lo hizo en un 70%”.

La demanda de trigo a escala mundial se mantiene estable y la oferta podría tener restricciones por cuestiones de seguridad alimentaria en varios países productores. “En el contexto de COVID-19 surge una cierta fortaleza esperada en el precio futuro”, afirma.

Para Ghida Daza, los altos valores de producción se debieron a mejoras de precios y a cambios de políticas sectoriales, como la eliminación de aranceles de exportación a partir de 2016. A su vez, en forma conjunta, se dio una mejora en la genética de las variedades que permitió una cierta tendencia creciente en el rinde.

Reservas hídricas en el suelo

Por otro lado, Pablo Bollatti, coordinador técnico de grupo napas del INTA Marcos Juárez, se refirió a la situación actual de reservas hídricas para encarar la siembra. “En la zona núcleo pampeana, la disponibilidad de agua es entre adecuada y regular para el inicio de la campaña, lo cual permitiría encarar positivamente las primeras etapas de desarrollo del cultivo”, señaló.

“Luego de las recientes precipitaciones registradas en la zona, de entre 60 y 110 milímetros, se vio una recarga del perfil del suelo, necesarias para poder plantear una siembra de trigo”, explicó.

De todos modos, el especialista en napas reconoció que “tenemos asegurada la mitad del agua necesaria para el cultivo hasta agosto y cumplir con todo el proceso de germinación, macollaje y encañazón” y recalcó la necesidad de contar con nuevas precipitaciones para septiembre y octubre, encargadas del rinde del cultivo.

“Hoy, no tenemos asegurado el porvenir hídrico ofrecido por las napas, ya que se ubican entre los 2,8 y 3 metros de profundidad”, subrayó el técnico quien, a su vez, dejó en claro la dependencia hídrica del cultivo en la primavera.

En este sentido, recomendó que los productores midan la profundidad de las napas para saber si la demanda de agua del cultivo estará asegurada o no.

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